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Ramal Talca-Constitución.

El Buscarril Talca Constitución es un tren rural de servicio permanente entre Talca y Constitución. Ya te hemos contado que en Talca existen muy buenos buses, incluso Talca París Londres ahora tiene un servicio Premium con reclinación de 180°.

Este ramal es un servicio operado con trenes diésel, los llamados buscarriles son unidades económicas. En otros países se les conoce como ferrobuses (en Bolivia hay varios conocidos), railbuses, entre otros nombres.

Es un servicio muy querido, en verano es muy popular entre los turistas, y en el resto del año es un servicio rural muy tranquilo, la vida en el campo y las estaciones del ramal es bastante reposada.

Los horarios aparecen en el sitio web de la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) buscando el «Tren Talca – Constitución». A la fecha de este artículo, están los horarios:

07:45 Talca – 10:57 Constitución
16:10 Talca – 19:22 Constitución
07:20 Constitución – 10:32 Talca
15:45 Constitución – 18:57 Talca
Los horarios pueden ir cambiando con el tiempo, por eso es mejor que lo confirmes en el sitio web de EFE.

HISTORIA

Fue orgullo y emblema de desarrollo en la región. Construido a partir de 1888, en medio del auge ferroviario que vivía el país, el ramal Talca-Constitución significó un importante medio de conexión para los habitantes del Maule durante gran parte del siglo XX. Sus obras demandaron casi tres décadas y obedecieron a una decidida política estatal por dotar de ramales a la red central de los Ferrocarriles del Estado. Con el paso del tiempo, especialmente a partir de la década de los setenta, los ramales fueron cayendo en desuso y muriendo. Con una excepción; el tren Talca-Constitución, que al día de hoy sigue rodando con dos vagones y una porfía fantasmal.

A partir de fuentes documentales y vivas, el periodista Juan Pablo Figueroa reconstruye la historia del tren del Maule en un libro publicado por la Universidad de Talca. Pero junto con revisar la historia, el autor propone un viaje a bordo de este tren fantasma que ofrece dos servicios diarios y corre a un máximo de 60 kilómetros por hora. La sensación descrita por Figueroa al inicio del trayecto conduce al pasado:

“Desde un comienzo se percibe el paso del tiempo en la vía del ramal. La hierba ha crecido por entre los durmientes y las líneas. Se observan trazos de rieles que parecen serpientes encorvadas de metal. El tren pasa sobre ellos y se siente un peligroso balanceo”.

Para este buscarril a petróleo, las nueve estaciones que median entre Talca y Constitución son sólo puntos de referencia. “Basta sólo con alzar la mano en cualquier parte de la línea para que el tren se detenga”, dice el autor, quien describe un paisaje que bordea el río Maule y en el que se avistan pasajeros cargando sacos de harina y maíz, vendedores de café y pilsen, y praderas y campos sembrados con viñedos y trigales.

Ya no hay un asomo del esplendor del pasado. Apenas permanece el orgullo. “Está claro que los buenos años del ferrocarril ya pasaron”, dice Figueroa en el libro. “Y son pocos los que lo recuerdan. Quizás, los mismos que no se han movido de su lado; los que aún se deleitan al ver cada día el lento y ruidoso pasar del último ramal”.